"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

martes, 17 de enero de 2017

Se cierra el telón


Se cierra el telón. No necesariamente de manera definitiva, pero sí al menos provisional. Sin ánimo ni interés en seguir redactando, disertando y desvariando en este cuaderno virtual tras 597 entradas, aprovecho que hoy se cumple exactamente un septenio desde su creación para ponerlo en hibernación suspendida hasta que su nave llegue a un planeta más idóneo en el que habitar.

Observando la paulatina reducción de entradas de los últimos años (en número y en tamaño), se hace evidente mi cada vez menor inspiración y motivación. Lejos quedaron aquellos largos artículos para los que me documentaba y preparaba a conciencia, hace tiempo sustituidos por escuetas reseñas o breves notas sobre alguna película, concierto, libro o acontecimiento cultural. Desaparecieron también los extensos y sentidos homenajes a mis artistas e ídolos favoritos, al igual que aquellas nostálgicas entradas recordando películas, música, videojuegos, juegos de mesa y tantas otras cosas que marcaron y definieron mi vida de manera definitiva o temporal.

No negaré que también me ha desmotivado la casi absoluta ausencia de comentarios o reacciones a mis escritos desde hace ya también mucho tiempo; aunque siempre asumí este blog como algo personal que no pretendía captar adeptos porque sí, quizás centrándome en temas que sé que gustan en general y atraen audiencia en lugar de contar mis batallitas y de reafirmar mis opiniones particulares, una palmada en la espalda siempre se agradece si es sincera, y a todos nos gusta que se nos reconozca de alguna forma. Insisto en que esta no es la razón principal para que abandone El castillo de Lord Ruthwen: hay un poco de todo, mezclado y mareado y conformando algún puré, pócima o receta magistral fallida.

En cualquier caso, quizá todo tiene su fin. Quizá está bien así. Quizás el blog tenía una tarea que cumplir en mi existencia y acababa aquí, y este es el momento en el que nos separamos. Así que, por el momento pues, llega el The End de esta película, pero, como está muy de moda hacer remakes, secuelas, precuelas, spin-offs y todas esas variantes, pues a lo mejor cualquier día reaparezco aunque sea eventualmente para contar cualquier cosa que se me ocurra o sobre la que me apetezca hablar…

martes, 10 de enero de 2017

19 años con Alucine


El desaparecido Oma fue el último cine clásico de Puerto de Sagunto, y durante mucho tiempo lo consideré “el cine de mi vida”, pues lo frecuenté desde 1980 hasta su cierre en 1997 (aunque, ni qué decir tiene, siendo más niño ya había ido, sólo que con menos asiduidad). Hubo, por supuesto, otros cines en aquellos mis tiempos mozos, pero ninguno duró tanto como el Oma, del que fui pues incondicional durante 17 años seguidos.

Sin embargo, no hace mucho tiempo me di cuenta de una dato que se me había pasado por alto: las multisalas locales Alucine habían superado ese hito, pues el 10 de enero de 2016 se cumplían 18 años de su inauguración, y exactamente hoy se cumple, lógicamente, otro año más.  Son pues 19 los años que llevo acudiendo a mi cita semanal con ese establecimiento local: así a ojo me atrevería a estimar que al menos unas setecientas películas. Con los Alucine he vivido buenos y malos tiempos y me alegra decir que los he visto resistirse al embate de los temibles y poderosos negocios competidores de la capital, la gratuidad y la desconsideración de las descargas internáuticas, los vídeos de alquiler y la desidia y la ceguera de algunas personas (cuando no directamente estupidez). Lejos quedan aquellos años de grandes colas y de tener programación los siete días de la semana, que hace tiempo se redujeron a cinco. Muy al contrario, más de una vez me he encontrado solo durante una proyección, o acompañado como mucho por un puñado de espectadores. Suerte que hay días y películas que sí que llenan las salas del complejo.

Habiendo tenido cines en mi pueblo desde siempre, no concibo otra forma de vida; poco me importan las excelencias y prestaciones que pueda ofertar la competencia foránea: difícilmente me saldrá más rentable ni me resultará más cómodo tener que desplazarme bastantes kilómetros y pagar mayores tarifas cuando puedo ver una película a un paseo de mi casa. Para mí un cine local –modesto como pueda ser Alucine– es un privilegio que todo Ayuntamiento debería fomentar y apoyar; algo tan habitual como era una sala de proyección hace cosa de unas décadas, cuando cualquier pueblecito tenía una, es hoy en día un lujo que mucha gente –llevada por el espejismo del turbocapitalismo y de los ardides políticos para convencernos sobre cierto supuesto y falso estado de bienestar– no sabe apreciar. Como con todas las cosas, de Alucine hay que valorar y sopesar sus pros y sus contras y concluir con una apreciación justa: en mi caso, los segundos me parecen pocos y mayoritariamente ignorables, pequeños detallitos que podrían solventarse con un poco de atención y cuidado; los primeros priman para mí y prácticamente han quedado expuestos en este artículo.

Me gustaría acabar este pequeño y breve homenaje con algún tópico del tipo “ojalá que Alucine dure otros diecinueve años”; sin embargo, una amenazante sombra se cierne –una vez más– sobre los cines de mi localidad, y tiene la forma de uno de esos monstruosos macro-complejos comerciales que están asolando las ciudades y terminando con una forma de vida como era el pequeño comercio. En el cartel que daba a conocer la construcción de su próxima fase se anunciaba un próximo establecimiento cinematográfico. No sé si esto es una certeza, o simplemente una sugerencia de negocio por parte de los promotores del nuevo recinto, pero habida cuenta de la necedad, codicia y ceguera de la casta política que destroza España desde hace décadas, que no sigue más dictado que el de su propio bolsillo y que no obedece a más razones que las que les aportan sus señores, los magnates de las empresas, soy muy poco optimista al respecto. Puerto de Sagunto es muy pequeño para dos negocios cinematográficos, y dar licencia para uno nuevo llevará inevitablemente a condenar al más antiguo, porque la gente, como polillas, siempre acudirá a donde las luces brillen más. Cruzo los dedos, pero con desánimo y escasa convicción... y sí: me gustaría creer que tendremos Alucine para rato…

martes, 3 de enero de 2017

El cine de 2016

Primera y última película vistas en 2016
Por cuarto año consecutivo, y posiblemente último, acometo la tarea de redactar este pequeño ejercicio personal de recordar el cine que he visto durante 2016. En esta ocasión, una novedad, y es que decidí también llevar la cuenta de las películas que veía en televisión por la pura curiosidad de conocer el número total de ellas vistas entre la pequeña y la gran pantalla. Todos estos detalles, a continuación…

¿48 o 52?
48 son las visitas que he hecho a salas cinematográficas en el presente año. Exactamente las mismas que en 2015, aunque por supuesto esto no ha sido premeditado. También vuelvo a repetir una de ellas, ya que vi dos veces Rogue One, por lo que en realidad son sólo 47 las películas que he visto en cine en 2016. Curiosamente, el año comenzó igual que acabó el anterior, pues la última película de hace dos diciembres y la primera del pasado enero fue El despertar de la fuerza; efectivamente: desde hace décadas tengo la tradición de ver varias veces en cine (normalmente dos o tres) las películas de esta saga galáctica, algo que también he repetido con las entregas de Indiana Jones y las de El Señor de los Anillos.

El porqué de la pregunta al comienzo de este epígrafe viene porque, además de esas 48 películas comentadas, hubo 4 que no vi en televisión, pero tampoco se puede decir que lo hiciera propiamente “en cine”: se trata de los largometrajes que disfruté el pasado agosto en los Jardínes del Casino Viejo de mi ciudad (di breve cuenta en este enlace) proyectados en vídeo sobre pantalla en una terraza al aire libre. Dependiendo de cómo se quiera entender dicha proyección, el número de películas vistas fuera de casa en 2015 se puede considerar entonces 52. No obstante, no los voy a tener en cuenta en el presente post a la hora de dar datos y estadísticas referidos exclusivamente a cine.

Frecuencia
2016 comenzó flojito, con sólo 2 películas en enero y 3 en febrero. La cosa remontó en primavera, siendo marzo y mayo dos de los meses en los que más acudí al cine (6 veces cada uno). El verano fue menos prolífico que el de 2015 y la frecuencia de visitas fue menos constante: 2, 5 y 3 respectivamente en junio, julio y agosto (salvo que queramos contar como “cine” el mencionado ciclo del Casino Viejo: eso remontaría agosto a 7 visitas, récord histórico). Octubre fue un buen mes con 5 películas, en abril fueron 4 y diciembre empató con marzo y mayo con 6, una buena despedida de año cinematográfico. Hubo algunos meses poco inspiradores, con películas que no me llamaban la atención o algunas que sí lo hacían, pero que por una razón u otra (más frecuentemente por no llegar a mi ciudad) no estuvieron a mi alcance. El resto de los meses no enumerados vi 3 largometrajes en cada uno.

-6 películas: marzo, mayo y diciembre
-5 películas: julio y octubre
-4 películas: abril
-3 películas: febrero, agosto, septiembre y noviembre
-2 películas: enero y junio

Géneros
El fantástico, cómo no, sigue siendo mi predilección
Nada extraordinariamente, mis dos géneros favoritos vuelven a destacar en este apartado, y son, en este orden, el fantástico y el thriller: 15 películas ubicables en el primero (10 de ciencia ficción y 5 de fantasía, si queremos matizar), y 13 en el segundo. Con mucha diferencia les siguen la comedia y el drama, con 4 películas, y después el cine bélico y el western, con 3 cada uno (aun así, teniendo en cuenta lo olvidado que está el último género, me parece una cifra destacable). Finalmente, dos pares de películas en cada uno de los géneros histórico y de aventuras y 1 documental, un registro más extraordinario en mi historial como cineadicto. Los grandes ausentes han sido la animación (tentado estuve de ver la última de Ice Age, y lamento no haberlo hecho) y el terror, pero es que verdaderamente le tengo miedo a este registro, y no por tratar las historias que trata, sino por lo penosas que son las producciones enclavadas en él de los últimos años.

Países productores
Ninguna sorpresa tampoco respecto a los años anteriores. Siguen imperando las coproducciones entre varios países, lo que no tiene nada de extrañar habida cuenta de lo caro que es financiar un largometraje (más aún si está destinado al circuito comercial, que es el caso de la mayoría de los que veo). En producciones exclusivas de una sola nación vuelve a destacar EE.UU. y el todopoderoso Hollywood con 22 películas, seguida, curiosamente, España, aunque muy distanciada con sólo 4 cintas. El Reino Unido y Francia cierran este pequeño podio, con una sola producción cada uno de entre lo que he visto este año en cine. Como coproductores siguen destacando los países de habla inglesa: Estados Unidos (16), Reino Unido (10) y Canadá (4), mientras que otros países europeos como España y Francia, o asiáticos como China y Japón participan más tímidamente en estas asociaciones artístico-comerciales (2 películas cada uno)

Salas de cine
Seguimos sin sorpresas: Alucine, el cine de mi localidad, ha sido el que más habitualmente he visitado. Lo tengo cerca, es barato y me resulta cómodo, y siempre lo preferiré a cualquier otro local al que me tenga que desplazar en coche durante varios kilómetros, por muchas luces y parafernalia con la que me quieran atraer. No obstante, he de decir que en ocasiones no me queda más remedio que renunciar a este principio y viajar a la cercana capital valenciana para ver películas que temo que no van a llegar aquí. Este fue el caso de La venganza de Jane y Gernika, que vi en Kinépolis (Paterna), el documental Hitchcock/Truffaut (Babel, Valencia) y la reposición de Los Goonies (Aragó, Valencia). Además, por un compromiso fui a ver Rogue One también a Kinépolis (aunque también la vi en Alucine en 3D) y, debido a lo mucho que me gustó visitar hace dos años la Terraza de verano de Serra, me pegué también una escapadita para ver Star Trek: Más allá, aunque admito que esta película quizá no era la más adecuada para ver al aire libre.

-Alucine (Puerto de Sagunto): 42
-Kinépolis (Paterna): 3
-Babel (Valencia): 1
-Aragó (Valencia): 1
-Terraza Verano (Serra): 1

Otros datos
El gasto aproximado en cine este año ha sido de unos 294 euros, calculando como media la tarifa que pago más habitualmente, 7 euros en festivo en Cines Alucine. Ha habido días con entrada más barata (4,5 entre semana en los mismos cines) y algunas veces ha sido más cara (cines de Valencia y alrededores). Además, 6 entradas gratuitas rellenando el típico cartón que te sellan en cada visita al cine.

El regreso de la Oscuridad
El cine español de 2016, cuanto menos interesante
“La saga de la Oscuridad” es el nombre que en tono irónico le puse a las visitas en las que me encuentro solo en una sala de cine, hecho bastante penoso que hubiera sido impensable hace poco más de una década y que se ha hecho relativamente frecuente en los últimos años (como siempre digo, penoso no tanto porque yo no vaya acompañado, sino por lo poco bueno que augura para el negocio de la proyección). Durante cerca de quince meses no se dio esta triste circunstancia, pero en este 2016, la “Oscuridad” volvió con más saña que nunca, y me encontré con esta siniestra compañera nada menos que en cuatro ocasiones, el año que más veces me ha ocurrido. Sucedió las tres primeras veces en los meses de abril, mayo y junio, y se volvió a repetir en noviembre, y las películas concretas fueron El secreto de una obsesión, Triple 9, Un doctor en la campiña y un traidor como los nuestros, respectivamente.

Total de películas
Como comentaba al principio de la entrada, este año me propuse llevar la cuenta de todas las películas que veía, ya fuese en pantalla grande o pequeña, por la simple curiosidad de conocer este dato con exactitud. En televisión he visto todos los meses ente 11 y 22 películas, en total 184, lo que sumado a las 48 de cine y a las 4 del Casino Viejo hacen un total de 236 largometrajes vistos en 2016, aparte de series y telefilms. ¡Creo que no está mal!

La pequeña pantalla es para mí el complemento en donde veo las películas que se me han escapado en cine, o simplemente no han llegado a este porque se han estrenado directamente en formato doméstico, y por supuesto donde revisitar cine clásico. Este año, a pesar de lo mucho que me gusta éste, lo tuve algo descuidado durante algunos meses, pero hubo remontadas, como algunos ciclos temáticos que me regalé dedicados a Charles Chaplin, centrado en su período mudo y compuesto por 6 títulos (además de El Gran Dictador, lo detallo aquí), o a mi actriz favorita, Audrey Hepburn, de la cual tenía pendiente desde hacía mucho tiempo ver sus trabajos anteriores a su llegada a Hollywood (conseguí ver 5, pero aún me faltan dos películas que no logro encontrar, como comento en esta entrada).

Lo mejor y lo peor (¡para mí!)
No sé si me autocondiciono mucho o tengo mis gustos muy claros, pero había dos películas que tenía muchas ganas de ver en 2016 que nada sorprendentemente escojo como mis dos favoritas del año: ya en la primerísima sesión del día de los respectivos estrenos de La venganza de Jane y en la de Rogue One estaba un servidor en la puerta del cine presto a devorarlas. Eran mis apuestas previas y las dos me encantaron, pese a lo muy diferentes que puedan ser: la primera una gran superproducción anunciada a bombo y platillo y enclavada dentro de una saga que me ha embelesado desde niño, la de La guerra de las galaxias, y la segunda una película sencilla, modesta, repleta de vicisitudes en su producción que pasó sin pena ni gloria por las salas españolas excepto para aquellos que adoramos a su actriz principal: la presencia de Natalie Portman confería a esta cinta un interés especial para mí y salí encantado de reencontrarme –por fin– con mi actriz favorita del cine actual después de nada menos que dos años y medio sin que llegara a las salas españolas ninguno de sus trabajos.

Natalie y Star Wars: ¡Apuestas seguras!
El fantástico, cómo no, siempre me llama mucho, y durante 2016 no me perdí ninguna de las películas de Marvel y DC, aunque una vez más la mayoría me parecieron mediocres y hasta olvidables; una excepción muy a destacar, Capitán América: Civil War, y es que la trilogía de este personaje no me ha decepcionado en ninguna de sus entregas y me parece que está muy por encima de la mayoría de estrenos de este subgénero por decantarse por un acertado tono dramático en lugar de la cómica más habitual en otras cintas similares. Pese a las críticas –y puesto que sigo mi criterio y no el de los demás– pasé un buen rato viendo Escuadrón Suicida. También Star Trek: Más allá me pareció simpática y entretenida, más o menos a la altura de las anteriores entregas recientes de la saga.              

Emily Blunt es otra actriz a la que sigo, y este año hubo dos encuentros con ella. Aunque La chica del tren no me resultó tan redonda como en principio esperaba, la presencia de la actriz y también la de Rebecca Ferguson hicieron que esta especie de telefilm de sobremesa bien producido se me hiciera pasable sin sobresalir. También Saoirse Ronan me deslumbró una vez más en Brooklyn.

Destacar algunas producciones españolas que me parecieron muy dignas vistas a lo largo del año, como es el caso de Cien años de perdón, Tarde para la ira o La reina de España, un regreso esta última a un cine patrio que ya casi no se hace y que hasta cierto punto podríamos llamar “clásico”.

Lo peorcito del año
Los Coen, una vez más, sobresalieron en un género tan olvidado o confundido como es la comedia (¡la de verdad!) con ¡Ave, César! y fue muy especial volver a ver Los Goonies en pantalla grande después de más de treinta años (lo cuento aquí).

En cuanto a lo peor que vi en 2016, siempre según mi discutible criterio, esta vez no elegiré una película que me disgustó por su poco tacto, incorrección política o descaro comercial, como ha sido el caso en otros años, sino porque me pareció directamente mala: no había por dónde coger Dioses de Egipto; me pareció un desacierto continuo que no salvaron ni sus guiños al cine de Harryhausen ni la presencia de un actor que me gusta tanto como Geoffrey Rush, aquí totalmente desaprovechado. Toro y Gernika fueron para mí las grandes decepciones del cine español, aunque la segunda me pareció algo más salvable siquiera por su ambientación en una época que me fascina tanto como la Guerra Civil Española, y grandes superproducciones como la aburrida Jason Bourne, Los siete magníficos o Inferno, habida cuenta del dinero invertido en ellas, me resultaron entre tediosas e insípidas, al igual que la popular Deadpool o la no tan costosa Triple 9.

2017
Sentimientos encontrados respecto a algunos de los estrenos de 2017
Acabo sin mucha novedad, ya que lo que más me llama de entre los estrenos de este año que empieza sigue siendo más de lo mismo: el próximo Episodio VIII  de Star Wars, que veo complicado que esté a la altura de su predecesora, Rogue One, a pesar de que tiene un director que me parece muy interesante y, cómo no, casi todos los estrenos que puedan venir de Natalie Portman. Y digo casi todos porque Jackie, única de sus películas confirmada en los cines españoles (17 de febrero) es una cinta que no me apetece nada ver por lo detestable que me resultan el personaje y la situación que reviven, y será sólo por su intérprete principal que acceda a hacerlo. Me interesan mucho más otros de sus trabajos recientes de cuyo estreno en nuestro país no se ha oído nada e incluso parece improbable, como es el caso de A Tale of Love and Darkness, Planetarium o Knight of Cups, de las que algunas naciones más afortunadas que la nuestra ya han podido disfrutar (aunque parece que la primera tuvo un estreno limitado en Cataluña el pasado septiembre).

Mi siempre admirado género fantástico trae algunas novedades interesantes pero ante las que a priori me mantengo algo escéptico, como puedan ser el caso de esa innecesaria secuela de Blade Runner o la nueva entrega de la saga Alien, franquicia que siempre me ha resultado cuanto menos entretenida. Y, como también me gusta la historia, tengo ganas de ver Dunkerque.

Todas estas dudas, apuestas y suposiciones se irán resolviendo a lo largo de los próximos doce meses, que abordaremos sin prisas y con tranquilidad…

martes, 27 de diciembre de 2016

Carrie Fisher... sin palabras

Sin palabras, o con muy pocas, dado el estado de ánimo. Hoy la tarde se me ha presentado especialmente mala a nivel personal y ha acabado rematada con la noticia de la muerte de Carrie Fisher a los 60 años. Sabía de su percance el pasado viernes y confiaba en su recuperación, pero parece que no ha sido así. Nunca fui fan ni seguidor de ella; de hecho, creo que su carrera como actriz fue peor que mediocre, pero tuvo la suerte de encarnar a un personaje icónico en la Historia del Cine. ¿Quién no conoce a la Princesa Leia? ¿Quién puede olvidar aquella primera aparición en 1977, cuando los niños de entonces quedamos deslumbrados por la epopeya galáctica de George Lucas? Un solo papel le valió la inmortalidad a la actriz; ese mismo rol le había devuelto de nuevo a la gran pantalla con la tercera trilogía de Star Wars. Ahora ya sabemos que su aparición en el próximo Episodio VIII será póstuma. ¡Buena suerte en el otro mundo, querida Carrie!

Missing Scotty

Como dijo aquel, respetos al máximo a todos los artistas musicales que nos han dejado este año, pero cada uno barre para su propia casa y la cabra tira al monte: para un servidor la gran pérdida de este año ha sido SCOTTY MOORE. Para mí era mucho más que un ídolo musical o que mi último gran mito vivo; siendo guitarrista autodidacta, sus solos, riffs y fraseos fueron mi escuela. A Scotty le considero “mi maestro en la distancia” y mi mayor influencia en la guitarra junto con Eddie Cochran. Oír los discos de ambos y querer emularlos fue un paso lógico e inevitable que llegó seguido. Por haber desarrollado la parte más importante de su carrera en una época en la que el “guitar hero” aún no se había reivindicado y en la que la guitarra rock estaba naciendo, creo que la historia nunca le hará justicia; prueba de ello es que los medios menos especializados dieran a su muerte este pasado junio mucha menos difusión que a la de otros personajes de menor calado e importancia que le antecedieron o le sucedieron en este fatídico 2016.

Hoy por primera vez desde que lo sigo hace treinta años no puedo celebrar el cumpleaños de Scotty: hubiesen sido 85. 😢

sábado, 24 de diciembre de 2016

Rogue One

Más de una semana después de acudir al preestreno de Rogue One, aún sigo deslumbrado por su visionado tras la apabullante retahíla de imágenes que la componen. Porque lo que creo que es innegable es que la nueva película de la saga de Star Wars, a nivel visual, es intachable; un espectáculo, una maravilla del diseño artístico y de producción y de los efectos especiales. Claro que también hay que decir que, hoy en día, con los medios técnicos disponibles y con un buen presupuesto, eso es bastante fácil, y lo cumplen muchísimos largometrajes que al final resultan no tener más que eso, una impresionante presentación. El nuevo trabajo de Gareth Edwards va para mí un poco más allá, pues consigue también reunir personajes atractivos, actores entregados y una trama interesante que atrapa desde el principio.

Es cierto que Lucasfilm/Disney también se ha asegurado buena parte de la simpatía y de la complicidad del espectador al relacionar y ambientar la historia del film directamente con la primera película de la serie, pues Rogue One entronca cronológicamente con los acontecimientos de La guerra de las galaxias de George Lucas (o Una nueva esperanza para los más modernos, que no es mi caso). Por ello, en esta nueva precuela (o intercuela, según opiniones) encontramos a muchos de los personajes más clásicos como Darth Vader o el Grand Moff Tarkin, así como las naves, armas, vehículos y droides de su más lejana predecesora, e intenta imitar el ambiente y entornos de aquella dentro de las diferencias que pueden marcar la tecnología y el diseño de producción modernos, lógicamente muy por delante de los que existían hace cuarenta años. Esta baza segura para ganarse a los fans más acérrimos ya la usó la productora del film en el Episodio VII, pero de una forma más forzada y menos honesta, al intentar que toda la imaginería, maquinaria y atrezzo se parecieran a los de la trilogía original cuando, en realidad, se supone que entre las tramas de esos dos capítulos han pasado treinta años y tenía poco sentido. Por esto, y por un montaje, un argumento y un guion mejor hilvanados (o parcheados) y menos forzados, Rogue One me parece que aventaja un tanto a El despertar de la fuerza y es para mí superior. Parece que todo aquel miedo cuando se habló el pasado verano de que se rodaba buena parte de la película de nuevo era en vano, aunque sorprende ver en la cinta que muchas de las escenas que vimos en los primeros tráileres no aparecen en el montaje final, obvia señal de todos estos cambios introducidos posteriormente.

Atractivo reparto internacional con robot simpaticón

Pero Rogue One y sus artífices corrían también algunos riesgos comedidos. En primer lugar, este es el primer largometraje de acción real de la franquicia que transcurre ajeno a la saga oficial y los personajes clásicos, y como tal es una especie de experimento. El único precedente había sido el capítulo piloto de la serie de animación The Clone Wars en 2008, pues no olvidemos que las dos películas de los ewoks de los años 80 se hicieron originalmente para televisión, aunque aquí las viéramos en pantalla grande. Aún con todo, pese a que se nos presenta como un spin-off o intercuela, podemos asimilar Rogue One igualmente como una precuela o incluso como un capítulo estándar de la saga (¿Star Wars. Episodio 3.5?). La película de Edwards también prescinde de algunos elementos clásicos como el famoso texto inicial que nos introduce en cada uno de los capítulos normales y hasta de un componente tan esencial y querido como es la música de John Williams. Le sustituye a la batuta el prolífico Michael Giacchino, quien ha compuesto una banda sonora tan meritoria (¡en tan sólo dos meses!) como poco arriesgada, pues se ha movido por los patrones y frases tradicionales del compositor habitual de Star Wars y ha escrito una partitura claramente amparada en las de Williams, aunque interesante, atractiva y con gancho (se me ocurre que esa The Imperial Suite es una apropiada sucesora de la legendaria The Imperial March, ambas piezas ominosas e imponentes).

Tarkin/Cushing: el gran error de Rogue One
Y ahora viene el más importante de los grandes riesgos que creo que ha asumido la cinta que reseño, y que creo que constituye su único resbalón significativo: parecía bastante evidente que habría al menos dos personajes de La guerra de las galaxias que aparecerían en Rogue One; la duda que se mantuvo entre los fans hasta el último momento era si estos serían recreados por nuevos actores, o si lo serían por animación computerizada. Lucasfilm optó finalmente por esto último, y el resultado lo podemos ver sobre todo en las escenas en las que aparece el Gran Moff Tarkin, que en su día interpretara el legendario Peter Cushing (el “otro” personaje no lo desvelaré, aunque su aparición es mucho más breve y entiendo que ha sido autorizada por la persona que lo interpretó originalmente). Siempre me he opuesto a que se recree para la pantalla a actores fallecidos –y por lo tanto, se haga sin su consentimiento– salvo que sean casos comprensibles como los de Oliver Reed o Paul Walker, que murieron en mitad de un rodaje. Lo que nunca hubiera imaginado es que fuera a ser precisamente mi actor favorito el primer experimento extenso de esta moralmente discutible aplicación del CGI. Creo que el Tarkin de Rogue One no le hace justicia porque en ningún momento logra captar la espléndida y maravillosa mirada del genial actor británico, mérito hoy en día imposible ni con estas avanzadas técnicas, y que su personaje en la nueva película de Star Wars se presenta robótico y deshumanizado. Aunque los creadores de este supuesto prodigio técnico se han dado mucho autobombo, yo no estoy seguro de si entenderlo como el supuesto homenaje a Cushing que dicen que es, o como algo más cercano a un sacrilegio éticamente cuestionable. Personalmente hubiese preferido que Tarkin hubiese sido interpretado enteramente por otro actor que guardara un parecido razonable con el original y basta. Tampoco los nuevos Obi-Wan o Han Solo tienen un parecido exactísimo con Alec Guinnes y Harrison Ford. (Además, Guy Henry, el hombre sobre cuyo rostro se ha recreado el de Cushing, es algo más alto que él, y eso no lo han intentado disimular en las escenas en las que aparece).

Por otro lado, la inclusión de un personaje tan icónico como Darth Vader ha corrido mejor suerte al tratarse de un personaje enmascarado que no debe mostrar ningún rostro. A destacar la tremenda escena que constituye su aparición final, y que pone los pelos de punta. ¡Nunca antes Darth Vader me había parecido tan terrorífico y amenazador!

Anotar que este es también el primer film de Star Wars cuyo título no se ha traducido, algo que normalmente no me gusta, pero que en este caso me parece relativamente aceptable, pues la palabra rogue tiene una difícil traducción en el contexto de la película. Rogue alude a una persona inconformista, independiente, que va por libre o vive alejada o desprendida de la sociedad y de los demás. El título alude claramente a su protagonista, y uno de los personajes se inspira en ese rasgo de ella para bautizar así a la nave que los transporta, por lo que “rogue one” se puede adjudicar a varios elementos de la película e incluso, como bromeaba su director, a la propia película, al ser un capítulo independiente, distanciado o diferente de la saga…

Felicity Jones, nueva heroína de la saga
Destacar, por último, el atractivo elenco internacional que los productores han reclutado para la película, encabezado por una destacable Felicity Jones, últimamente muy de moda y aún más activa profesionalmente. Ben Mendelsohn conforma –una vez más– un villano aprobable, Diego Luna un compañero más que aceptable (un acierto que no se plasme de manera evidente una posible historia de amor entre la pareja protagonista), nombres de la talla de Forest Withaker o Mads Mikkelsen , y el robot interpretado por Alan Tudyk me parece un digno sucesor (¿o es predecesor?) de los androides clásicos de la saga como contrapunto cómico acertado y comedido, pues a nada le tengo más miedo que a ese terrible recurso llamado comic relief con el que nos obsequian a menudo en muchas películas comerciales y que las más de las veces rechina, espanta y logra arruinar más de una escena, cuando no todo un largometraje.

Dice un amigo mío que lo mejor de las películas de Star Wars es la expectación que generan; los meses que transcurren antes de sus estrenos, en los que vamos acumulando con ansia, emoción y cuentagotas la información y las imágenes que sobre ella se nos van proporcionando, y añado yo que a eso hay que sumar todo el “aparato” comercial, publicitario y social que rodea a cada estreno de la franquicia que ideara George Lucas: libros, discos, cromos, figuras, videojuegos… Cualquier entrega galáctica es mucho más que una película, y como tal he disfrutado todas –desde la primera hasta la última– y espero seguir pudiendo hacerlo. En el punto de mira queda ahora el Episodio VIII –que, según algunas fuentes, se titularía Forces of Destiny, aunque no hay nada confirmado–, el todavía lejano 15 de diciembre del próximo año.

Quiero finalizar este largo artículo deseando una pronta recuperación a nuestra querida Carrie Fisher, en estos momentos hospitalizada en estado grave tras sufrir un infarto ayer viernes 23 de diciembre.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Michèle Morgan

Aunque nuestro amigo Kirk Douglas ha logrado alcanzar la increíble edad de un siglo, muchos otros de sus colegas no han logrado tan meritorio récord, pese a que se han quedado cerca: ayer nos dejaba una de las grandes damas del cine francés a una edad más que respetable y muy cercana a la del galán hollywoodiense: Michèle Morgan fallecía a los 96 años, tan sólo dos días después de que lo hiciese Zsa Zsa Gabor a los 99. La legendaria actriz gala había abandonado la actuación en 1999, después de más de seis décadas dedicadas a la profesión (ya en 1938 había participado en la clásica El muelle de las brumas). La mayor parte de su extensa filmografía la rodó en su país natal, aunque Inglaterra y, por supuesto, Hollywood, la tentaron durante algún tiempo. Cuentan las crónicas que iba a ser la protagonista de Casablanca hasta que cierta sueca avispada aceptó cobrar la mitad del sueldo de Michèle para obtener el papel que la inmortalizaría. En el olimpo cinematográfico galo todavía nos queda la no menos mítica y aún más veterana Danielle Darrieux, con 99 años.