"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

jueves, 20 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios

Digno final de una trilogía que me ha gustado bastante y que considero por encima de la mayoría de blockbusters de los últimos años. Emocionante, bien narrada, con sus acertados y deseables momentos para el drama y los personajes (que, curiosamente, predominan sobre las escenas de acción), con el mensaje pacifista y ecologista más o menos inherente a la saga desde sus inicios y con guiños a infinidad de géneros (el viaje del principio parece un western, el campo de concentración remite a la II Guerra Mundial) y películas (La guerra de las galaxias o Apocalypse Now), así como una bien hilvanada conexión con la cinta original de Don Taylor (las aspas en las que crucifican a los prisioneros, los nombre de Nova y Cornelio, la explicación de por qué la raza humana ha perdido la inteligencia…) Y, por supuesto, no puede dejar de mencionarse la excelencia de los efectos infográficos a la hora de dotar de tan gran realismo a los simiescos protagonistas –aunque eso no tendría importancia sin un buen argumento– y la sufrida labor de los actores que trabajan con captura de movimiento, encabezados por el ya clásico Andy Serkis. ¡Qué lejos quedan aquellos disfraces y prótesis que tanto hicieron sufrir al bueno de Roddy McDowall!

Después de desatinos como Alien: Covenant o nimiedades como La momia, es agradable ver que el género fantástico sigue teniendo esperanza de la mano de directores interesantes como Matt Reeves, quien sabe sostener una narración que en muchas secuencias carece prácticamente de diálogos (en ese sentido me recuerda al cine del admirable Jean-Jacques Annaud, quien a menudo ha trabajado con animales) y al que a partir de ahora prestaré más atención. Y no olvidemos mencionar la magnífica banda sonora de Michael Giacchino, al que descubrí con Rogue One y quien también ha captado mi interés desde entonces.

lunes, 17 de julio de 2017

Bajas estivales

El pesar con el que cargamos todos los amantes del cine clásico es que estamos viviendo sus últimos estertores: ya casi todos sus artífices han desparecido o bien están llamados a hacerlo en pocos años. Las bajas de actores, actrices, directores y otros técnicos y artistas de la época dorada del Cine se suceden mes tras mes, y este caluroso julio no iba a ser una excepción: la italiana Elsa Martinelli nos dejaba el pasado día 8. Es una de esas intérpretes que me ha calado más por una sola película (concretamente, ¡Hatari!), que por una filmografía (de hecho, sólo recuerdo haber visto unas pocas cintas más de ella como El luchador indio o Sangre y rosas). Elsa nos dejó a los 82 años, prácticamente retirada del cine desde el pasado siglo.

Al actor estadounidense Martin Landau lo conocí de niño gracias a la serie Espacio 1999, aunque cobré más interés por  su labor siendo algo más mayor, y de la cual creo que me quedaría con Con la muerte en los talones y, por supuesto, Ed Wood. Qué curioso que precisamente ayer, cuando aún desconocía la noticia de su muerte, estuviera pensando que aún quedaban dos actores vivos de la primera película citada. Martin falleció el pasado sábado con cerca de dos centenares de trabajos para cine y televisión, acababa de cumplir 89 años y estuvo activo hasta el último momento (de hecho, aún tiene varios títulos por estrenar)

También nos ha dejado el director George A. Romero, que debo admitir nunca fue santo de mi devoción, pero cuyo estatus de leyenda del cine de terror no se puede negar y reafirman millones de seguidores en todo el mundo. El realizador neoyorkino contaba 77 años.

Continuará… (por desgracia)

viernes, 30 de junio de 2017

El cine de junio

Llega el verano y, con él, los blockbusters típicos de esta calurosa época del año, casi invariablemente orientados hacia un público juvenil y muchos de ellos enclavados dentro del género fantástico, lo que ya de por sí es una importante tentación para un servidor, que siempre se ha declarado fan de esta variante del 7ª Arte. La Momia de Alex Kurtzman presenta el nuevo “universo oscuro” con el que la Universal planea resucitar a todos sus monstruos clásicos de siempre con una nueva saga de largometrajes y, aunque tiene elementos atractivos e interesantes (principalmente aquellos más típicos del terror gótico), al fin y al cabo es un producto pensado para lucimiento de Tom Cruise, un actor que para mí no tiene ni seriedad ni prestigio y que repite un mismo personaje aburrido y predecible de una película a otra. Es por eso que, de antemano, sé que la cinta no me va a calar demasiado, como efectivamente ocurre.

Con Wonder Woman de Patty Jenkins paso un rato bastante entretenido a pesar de que nunca me ha convencido la elección de Gal Gadot como encarnación fílmica de la legendaria heroína. A favor de la película, su ambientación en la I Guerra Mundial y el estupendo reparto secundario femenino con actrices de la talla de Robin Wright, Connie Nielsen o Elena Anaya, paradójicamente acompañando a una protagonista con bastantes menos tablas que ellas y muy posiblemente con mucho menos talento. En contra, una batalla final que tiene poco de climática y emocionante. Extraño también el doblaje de Gadot y Nielsen, y eso que yo no suelo ser muy pejiguero con este tema.

Junio termina siendo, de momento, el mes del año en que menos veces he ido al cine: tan sólo un par de películas, cuando lo normal son 4 y hasta 5. La cartelera me ha resultado poco llamativa o, simplemente, aquellas otras películas que me llamaban no han estado a mi alcance.

miércoles, 31 de mayo de 2017

El cine de 2017: mayo

Cierta diversidad genérica pero también una mediocridad más o menos homogénea sería lo que resume mis cinco visitas al cine durante este quinto mes de 2017. Uno de los grandes tropezones del año es Z, la ciudad perdida de James Gray que, lejos de entretenerme, como inicialmente esperaba, sólo consigue aburrirme durante casi todo su metraje. No sé si el hecho de que me torciera el tobillo poco antes de llegar al cine o el de que irrumpiera un grillo en la sala a mitad de la proyección influyeron, pero esta es una de esas pocas películas de las que uno se arrepiente de haber pagado el dinero de la entrada.

La cosa mejora un poco con Un golpe con estilo (Zach Braff), como comenté en la breve reseña que hice, una nimiedad fílmica pero aun así entrañable por el maravilloso y veteranísimo elenco que la puebla. Llega después Alien: Covenant, y Ridley Scott vuelve a demostrar que es un director caduco que lleva años viviendo de un par de éxitos y que debería haberse retirado hace ya mucho (¡y dejar de sacar nuevas ediciones de sus clásicos!). Aunque con impecables efectos especiales y una actuación más que respetable de Michael Fassbender, la historia y los demás personajes son peor que endebles y dejan bastante que desear. Más de lo mismo.

La española Plan de fuga de Iñaki Dorronsoro es quizá lo mejor del mes, y eso sin llegar a parecerme, ni mucho menos, nade excepcional. Pero, ya se sabe: en el país de los tuertos…

Mayo finaliza con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, demostrando con ella el tándem de directores Joachim Rønning y Espen Sandberg que esta larga saga de aventuras quizá debió haber terminado hace años. A pesar de su interesante reparto, esta quinta entrega antepone, cómo no, las escenas de acción y la sobredosis de F/X a las interpretaciones, y precisamente en los momentos que se suponen más “espectaculares” llega a veces a hacérseme tediosa. De nuevo deberé asumir que está dirigida a un público más joven que yo que seguramente pueda disfrutar más todas esas cosas.

jueves, 25 de mayo de 2017

40 aniversario de La guerra de las galaxias

40 años nada más y nada menos. Cuatro décadas han pasado desde que George Lucas sorprendiera al mundo con lo que, en realidad, era poco más que un refrito de cánones y clichés de decenas de películas y cuentos anteriores. Aquella idea prestada y actualizada convirtió al director en multimillonario –sobre todo gracias a su acertada estrategia de mercadotecnia basada en productos relacionados con el film– e hizo su saga galáctica aparentemente imperecedera, pues desde entonces ha generado pingües beneficios en la forma de libros, cómics, videojuegos, juguetes y, por supuesto, secuelas, precuelas y spin-offs (un total de siete películas más hasta ahora, y otras cuatro anunciadas). Los personajes, motivos, naves y música de Star Wars forman ya parte de la cultura universal y constituyen prácticamente un culto que, en ocasiones, hay que admitir que raya la exageración.

No fue en 1977, pero sí dos años más tarde (lo que tenía vivir en un pueblo con cines reestreno), cuando La guerra de las galaxias llegó a mi vida para quedarse para siempre, aunque quizá fue El retorno del jedi el que consolidó mi pasión por la franquicia por pillarme en una edad más adulta en la que pude disfrutarla más. Desde entonces no me he perdido ninguna película y puedo decir que, en mayor o menor medida, las he disfrutado todas. El único reproche que tengo que hacerle a su creador son todas esas versiones posteriores de la trilogía clásica con escenas y efectos añadidos, ardid comercial y desvergonzado que no persiguió ningún propósito artístico y sí pecuniario.

Precisamente esta semana se hacían públicas nuevas imágenes de la próxima entrega de Star Wars, Los últimos jedi, una sesión de fotos con la habitual Annie Leibovitz, presentando por fin a los nuevos personajes interpretados por Laura Dern y Benicio del Toro. Esperemos que Rian Johnson –un director de filmografía más que interesante hasta ahora– y Kathleen Kennedy no insistan en presentarnos una trilogía-remake de los primeros episodios, como hacen temer algunas imágenes del primer tráiler del Episodio VIII y el visionado de El despertar de la fuerza.








martes, 23 de mayo de 2017

Nos deja Roger Moore

Por mi generación, Roger Moore fue el primer James Bond que conocí. Fue exactamente cuando Moonraker llegó a los cines, y desde entonces he seguido absolutamente todas las andanzas del agente 007 en pantalla grande. A Sean Connery lo descubriría algo después, y sobra decir que pronto había devorado también sus películas, así como las primeras de Moore y la de George Lazenby, vía VHS. No puedo decir que fuera nunca un incondicional ni un seguidor de este actor inglés que nos acaba de dejar a los 89 años –y, de hecho, he visto muy pocas películas suyas–, pero siempre le guardaré cariño por haberme descubierto al personaje de Ian Fleming. Me hubiera gustado –y creo que no se ha hecho– ver una foto con todos los James Bonds cinematográficos juntos, pero ahora ya no será posible.

lunes, 22 de mayo de 2017

La luz entre los océanos

No tuve ocasión de ver este largometraje en pantalla grande y, de hecho, su tráiler y su póster tampoco eran muy motivadores y parecían invitarnos a una historia sentimental facilona. El sencillo argumento de este melodrama ambientado en la Australia de los años veinte del siglo pasado es este: un matrimonio que gestiona el faro de una pequeña isla y que no puede tener hijos encuentra a la deriva una barca con un bebé. Deciden quedárselo como suyo sin informar a las autoridades, pero acaban descubriendo a la verdadera madre biológica de la criatura y, a partir de aquí, comienza el dilema moral y sentimental de la pareja. En sí, parecería que esta propuesta no puede dar para una cinta de más de dos horas, pero la preciosa fotografía, los maravillosos paisajes y, sobre todo, el excelente trío de actores protagonistas (Michael Fassbender y  Alicia Vikander, pareja en la vida real, y Rachel Weisz, una de mis actrices favoritas, aunque tiene un papel secundario), convierten La luz entre los océanos de Derek Cianfrance –que adapta la novela homónima de M.L. Stedman– en una de las mejores películas que he visto este año.