"Un hombre que limita sus intereses limita su vida" (Vincent Price)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Churchill

El legendario Primer Ministro británico está de moda en el cine, pues dos son los proyectos que sobre él llegan este año a la gran pantalla: Churchill de  Jonathan Teplitzky, que se acaba de estrenar en nuestro país, y Darkest Hour de Joe Wright (ridículamente traducido como El instante más oscuro), que llegará a España el próximo enero. A falta de ver el trabajo de Gary Oldman encarnando al gran estadista en esta última película, hay que decir que Brian Cox le deja un listón muy alto a su compatriota en la primera cinta citada, que se centra exactamente en los días inmediatamente anteriores al Desembarco de Normandía, y en el dilema de Sir Winston, traumatizado por las matanzas que presenció en la I Guerra Mundial, y que no quiere que se repitan de nuevo, a la hora de aceptar que se lleve a cabo la famosa Operación Overlord

The Sinner

Una mujer joven, casada, con un hijo, y que lleva una vida aparentemente normal, mata un día en la playa, delante de todo el mundo, a un hombre al que dice no conocer. El caso no tiene dudas para la ley, que se propone castigarla severamente. Pero un detective se interesa por la chica e intuye que hay algún oscuro y esquivo secreto tras aquel acto homicida, y se obstina en sacarlo a la luz…

Es la sencilla propuesta de The Sinner, una serie de ocho capítulos de 45 minutos de duración cada uno que acaba de emitir la cadena USA Networks en la que brillan en sus papeles protagonistas Jessica Biel (también coproductora) y Bill Pullman. Hace años que soy seguidor de la actriz, que últimamente está demostrando que es algo más que una cara bonita y parece estar alejándose del circuito cinematográfico comercial para participar en propuestas más arriesgadas e interesantes como La verdad sobre Emanuel, Unidas por la sangre o El cuchillo, por citar algunos de los últimos largometrajes suyos que he visto.

Sin ser –pese a lo que pueda parecer por mis últimas entradas– ni mucho menos un serie-adicto, sí que me gusta seguir algunas de vez en cuando, especialmente si son cortas y cerradas como esta, porque aquellas que se extienden varias temporadas invariablemente acaban decayendo incluso hasta el ridículo o la contradicción.

jueves, 21 de septiembre de 2017

¡Que se acaba!

Me alegra comunicaros que la campaña para publicar mi libro Cuentos sombríos  ha sido todo un éxito –dentro de la humildad del proyecto–, y en estos momentos se han prevendido 55 de los 75 ejemplares de los que consta la tirada. Esto quiere decir que ya sólo quedan libres 20 copias, y después se acabó.

Si os interesa reservarlo o queréis ampliar información, podéis hacerlo en el blog que he creado para esta iniciativa:

lunes, 18 de septiembre de 2017

La escoba espacial (Quark)

Guardaba un cariñoso recuerdo del visionado de La escoba espacial en mis años infantiles y siempre había sentido la tentación de revisitarla. Era poco lo que recordaba de ella, básicamente que la protagonizaba Richard Benjamin, que había un personaje llamado Palindrón, al que no le ponía cara y, muy remotamente, la nave principal.

En estas últimas semanas del verano he aprovechado por fin para ver la serie, que encontré por internet con calidad regular. Por desgracia, parece que en nuestro país no se ha editado en DVD, como sí ha ocurrido en el extranjero.

Creada por Buck Henry, el artífice de la legendaria Superagente 86, su título original era Quark, y el episodio piloto se estrenó en mayo de 1977, aunque hubo que esperar casi un año para que llegaran los demás capítulos, un total de ocho con el inicial que conformaron la única temporada de este espacio televisivo. En España la pudimos disfrutar en 1980.

La escoba espacial se inspiraba claramente en seriales clásicos de ciencia ficción como Buck Rogers, Flash Gordon y, por supuestísimo, Star Trek, aunque también añadía elementos y guiños a películas como 2001 o La guerra de las galaxias, pero todo ello en clave de humor, pues la disparatada tripulación protagonista tenía como principal cometido recoger la basura del espacio. Por suerte, La Cabeza, el líder de las Galaxias Unidas, a través de su funcionario Palindrome, adjudicaba a esta singular pandilla otros cometidos más audaces.

Además de al capitán Quark, encontrábamos a los controles de esta escoba espacial a las dos Bettys, ambas enamoradas de su superior y una clonada de la otra –aunque nunca se ponían de acuerdo en quién era la original–, a Gene/Jean, un transgénero que pasaba por momentos de ser un aguerrido astronauta a una delicada damisela, a Ficus, un flemático y cerebral vegetal (claro sosias del Dr. Spock), y a Andy, un robot cobardica. En el primer episodio, antes de ser sustituido por el antepenúltimo personaje nombrado, aparecía el Dr. Mudd como miembro de la tripulación, pero fue su única intervención.

Es imposible no ver esta serie sin una sonrisa por lo entrañable que se hace todo lo añejo y por lo sencillos y graciosos que hoy día resultan sus desfasados efectos especiales y decorados. Qué curioso comprobar a veces lo que se distorsionan los recuerdos que se tienen de algo tan lejano al volver a reencontrarse con él precisamente por eso, por lo que cambian las cosas con el paso del tiempo.

Imagino que la serie no debió de tener un gran éxito al no gozar de continuación. Esa única y breve temporada era otro dato que no recordaba, y tenía la sensación de que había durado más. Aún con todo, en mí al menos consiguió dejar su huella como espectador… 

domingo, 17 de septiembre de 2017

Harry Dean Stanton

Hay personas que parecen incombustibles, que siempre van a estar ahí, pero no: al final, todo se acaba. El legendario Harry Dean Stanton nos dejaba el pasado viernes 15 a la respetable edad de 91 años. De figura desgarbada, aspecto desaliñado y rostro demacrado y vulgar, su físico atípico, alejado del canon del galán cinematográfico, no le impidió conformar una flamante carrera que comenzó en los años 50 y terminó en este 2017 tras casi dos centenares de interpretaciones. Se inició sobre todo en la pequeña pantalla, y no fue hasta los años 70 cuando se decantó más enégicamente por la grande. Este mismo año le hemos podido ver en Twin Peaks, pero su participación en la serie de David Lynch tan sólo fue el colofón de una inmensa y envidiable trayectoria en la que figura hitos como Los violentos de Kelly, Pat Garrett y Billy the Kid, El padrino: parte II, Alien, Corazonada, Paris, Texas o La milla verde, que muestran su capacidad para en integrarse en los más variados géneros cinematográficos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Nos deja Basil Gogos

A pesar de su inmenso currículum como pintor e ilustrador, es posible que al gran público no le suene el nombre de Basil Gogos. Pero, a muchos amantes del cine fantástico, especialmente a aquellos que ya tenemos cierta edad, el trabajo de este hombre sin duda nos dejó huella. Y es que Gogos se encargó de las portadas de la legendaria revista de Forrest J. Ackermann Famous Monsters of Filmland –que tuvo brevemente edición española– durante cerca de medio centenar de números entre las décadas de los 60 y los 70.

Gogos, nacido en Egipto, pero de origen griego y afincado en EE.UU., prestó también su talento a las portadas de cómics clásicos como Creepy, Eerie o The Spirit, pósters de películas, e incluso CDs de conocidos grupos y cantantes de rock.

El artista nos dejó ayer 14 de septiembre a los 68 años.

Algunas de las portadas de Gogos para Famous Monsters... ¡Este hombre nos hizo amar a los monstruos!

miércoles, 6 de septiembre de 2017

El regreso de Twin Peaks

Hay una tenue línea, tan difícil de definir como caprichosa, que separa la excentricidad, a veces incluso la simple majadería, de la genialidad. Y esa línea a menudo la deciden el público, la industria y/o el marketing. Una persona puede ser un chalado o un freak para los que le rodean hasta que, de alguna forma, su originalidad o su supuesto y particular talento es reconocido y aceptado universalmente. En ese mismo momento, un “rarito” pasa a ser adorado por medio mundo y se convierte en una figura de culto dentro de su campo, sea artístico o de cualquier otro tipo. La historia está plagada de muchos de estos casos.

No sé exactamente en qué lado de esa línea se encuentra David Lynch, y no niego que sea un hombre de cierto ingenio y habilidad, pero para mí es claramente un director sobrevalorado que ha impuesto una visión personalísima y, por ello, cómo no, auténtica, atípica y rompedora, sobre la forma de hacer cine y televisión. Lynch ha conseguido que su universo sea aceptado por una legión de seguidores que le han encumbrado como una de las grandes personalidades tras la cámara de nuestra época. Sin querer despojarle de todo su mérito, para mí esta visión del artista es exagerada. Es algo que ya había constatado hace tiempo, pero que final y definitivamente confirmo tras el visionado de esta nueva, tercera temporada de Twin Peaks, que llega a la pequeña pantalla veintiséis años después de la serie original.

Nunca fui un fan empedernido de este espacio creado por Lynch y Mark Frost. La vi en su momento, le encontré aspectos interesantes, pero no me acabó de cuadrar aquella mezcla de thriller sombrío, parcialmente fantástico, con esos toques de humor surrealista y absurdo que la serie comenzó a exhibir sobre todo en su segunda temporada. Aun con todo, la nostalgia y la curiosidad me arrastran a ver esta nueva tanda de 18 capítulos que nos llega en 2017.

Acabada la temporada, hay que decir que poco tiene que ver con la serie que le dio pie; a decir verdad, ni siquiera aparece mucho la población que le da título. Reaparecen muchos de los actores originales, algunos muy brevemente, e intervienen muchos otros nuevos (grandísimo reparto plagado de conocidas estrellas de la pantalla), pero Lynch, que dirige todos los capítulos y parece tener total libertad para su trabajo, se desboca, da rienda suelta a todas sus obsesiones e intereses personales, quizá demasiado desmedidamente. El resultado son dieciocho horas de serial plagado de situaciones disparatadas, personajes demenciales y largas e innecesarias escenas para contar una historia poco explícita que se podía probablemente haber contado en la mitad de ese tiempo. Y, como colofón, un número musical bastante gratuito y normalmente aburrido al final de cada episodio para que el director pueda exhibir a los grupos que promociona.

Visto lo visto, prefiero quedarme con el recuerdo del Twin Peaks original y más bien olvidarme de esta innecesaria secuela, que tiene sus momentos, pero que en conjunto no logra convencerme, y que casi me da igual que tenga a su vez continuación, porque no estoy muy seguro de que vaya a abordarla, llegado el caso.

jueves, 31 de agosto de 2017

El cine de agosto


Como es habitual en muchos otros cines, en el de mi localidad entregan un cupón de fidelidad a los espectadores que, tras ser sellado un cierto número de veces (seis en concreto), da derecho a una sesión gratuita. Normalmente completo una media docena de estos al año, a un ritmo de uno cada par de meses, pero en estos pasados junio y julio, mis visitas al cine se espaciaron de manera inusual. Como resultado de ello, el cupón estaba a punto de caducarme (tiene una validez de tres meses) y decidí arriesgarme a ver Arturo: La leyenda de Excalibur, de Guy Ritchie, confirmándose mis sospechas sobre la pésima calidad del film, de momento, lo peor que he visto en pantalla grande en lo que va de año. Entre el video-clip, el videojuego y el anuncio televisivo, acabé esta película bostezando y con dolor de cabeza por la vehemente y abrumadora banda sonora y, a partir de este momento, Ritchie pasa a estar en mi lista negra de directores. Me pensaré muy mucho ver nuevas películas suyas, habida cuenta de lo que ya hizo con uno de mis personajes favoritos, Sherlock Holmes, y a pesar de que su anterior trabajo, Operación UNCLE, me resultó entretenido.

El nivel de calidad del resto del cine visto en agosto no es demasiado superior, aunque por fortuna se me hace más pasable que esta revisitación en clave de rock de la leyenda artúrica. Atómica de David Leitch es posiblemente lo mejor de un mes dominado por la mediocridad, aunque sólo sea por la acertada ambientación en el Berlín de 1989 y por la belleza de sus protagonistas (incluyo a Sofia Boutella). Lástima que el exceso de música pop-rock de la época sature demasiado la narración y la eche a perder a menudo. Por eso, precisamente por la ausencia de música, la escena de la pelea en las escaleras me parece impresionante y lo mejor del film.

De Luc Besson nunca espero mucho. Es un director 100% comercial que para mí ha realizado quizá un par de largometrajes decentes (aunque tengo que agradecerle que descubriera a Natalie Portman), así que Valerian y la ciudad de los 1000 planetas resulta, por supuesto, otra película en la línea de este realizador francés. Visualmente apabullante, pero con poca chicha, proporciona un rato divertido y poco más.

El mes finaliza con La torre oscura de Nikolaj Arcel. No sigo a Stephen King desde hace décadas, ni he leído nada de la saga, ni tenía idea de qué iba. Me encuentro con una historia peor que manida en la que reaparece el mozalbete con poderes extraordinarios que está destinado a liberar el universo o casi, un cliché nada original viniendo de alguien como el escritor de Maine. Le encuentro un regustillo a las películas que veía de joven en los 80, y efectivamente me parece que esté destinada al sector adolescente del público, y es lo único que para mí salva esta película.

Al margen de las visitas al cine propiamente, comentar que, de nuevo, acudí a las sesiones de cine clásico al aire libre que la Asociación Cultural Nautilus organiza en mi pueblo a principios de agosto. En esta ocasión no pude ir a las cuatro películas (me perdí Cuenta conmigo y Psicosis), pero disfruté al menos volviendo a ver El hombre que pudo reinar y Primera plana.

martes, 29 de agosto de 2017

35 años sin Ingrid Bergman

Como es tradición en el blog, no puedo dejar pasar el aniversario de mi adorada Ingrid Bergman sin al menos un pequeño recordatorio. En esta ocasión, una fotografía actualizada de mi colección bibliográfica sobre la actriz. Es mucho más modesta que la que tengo sobre mi otra gran diva, Audrey Hepburn (18 libros), pero en general son volúmenes bastante interesantes y con un buen nivel.

Hoy hace 35 años que la estrella sueca nos dejó, como saben sus seguidores, casualmente el mismo día de su cumpleaños. Tengo por tradición ver varias películas suyas por estas fechas, normalmente mis grandes favoritas (Luz que agoniza, Casablanca y Anastasia), pero en esta ocasión he encontrado un pequeño tesoro con el que celebrar el señalado acontecimiento: dos de sus largometrajes suecos que aún no había visto, Noche de primavera y Un rostro de mujer, y su única película alemana, El pacto de las cuatro.


domingo, 27 de agosto de 2017

Uncharted: El legado perdido

Uncharted: El legado perdido es para mí un sueño hecho realidad, pues, desde que jugué a Uncharted 2 y me quedé prendado del personaje de Chloe Frazer, siempre había abogado por un videojuego con ella como protagonista. Lo que comenzó en un principio como un simple suplemento descargable para la cuarta entrega de esta franquicia de Naughty Dog, fue creciendo y convirtiéndose en un juego por sí mismo, una especie de spin-off de las aventuras del cazatesoros Nathan Drake que ha aparecido por fin a la venta esta misma semana.

Como es tradicional en la saga y marca de la franquicia, maravillosos paisajes repletos de fabulosas ruinas y ciudades perdidas, entretenidos puzzles, divertidísimos e ingeniosos diálogos y escenas de acción con persecuciones y tiroteos aquí y allá hacen de este Legado perdido una de las mejores entregas de Uncharted, para mí incluso superior a la anterior, El desenlace del ladrón. Lástima que sea un juego de menor duración que sus predecesores y que sólo podamos esperar unas 9-10 horas de diversión con Chloe y Nadine Ross, villana reconvertida y ahora socia de la primera.

Después de mucho tiempo sin disfrutar demasiado de los videojuegos –prueba de ello es que llevo años sin publicar ninguna entrada al respecto–, El legado perdido supone para mí un oasis en un mundillo que últimamente me atrae más bien poco. Posiblemente me esté haciendo demasiado mayor para estos divertimentos computerizados, pero, por suerte, de vez en cuando aparece alguno que logra cautivarme. Ojalá que Naughty Dog considere una continuación para esta irresistible aventurera de ojos azules…

* Enlaces de interés:
-Algunos ejemplos de los maravillosos decorados y gráficos del juego: 
https://magazine.artstation.com/2017/08/naughty-dog-uncharted-4-lost-legacy-art-blast/

¡De aventuras con Chloe y Nadine!

domingo, 20 de agosto de 2017

Blog de "Cuentos sombríos"

Bueno, pues a falta de algún posible retoque, ya está listo el blog para mi libro de relatos Cuentos sombríos. En él se detalla un poco más este proyecto y su contenido y se incluyen extractos de algunas de las narraciones incluidas. ¡Espero que os guste!

martes, 15 de agosto de 2017

Yo he venido aquí a hablar de mi libro

Cuentos sombríos es un proyecto personal en el que llevo trabajando cierto tiempo y un sueño que he ansiado durante muchos años: se trata –o tratará, si todo va bien– de un libro autopublicado con una colección de diez cuentos propios. Va a ser una edición muy humilde, rondando el centenar de ejemplares, pensada principalmente para mis amistades y para cualquier otra persona interesada. No tiene ánimo de lucro y su precio, que será lo más bajo posible, se plantea simplemente para cubrir los gastos de impresión.

En cuanto a la pregunta del millón: de qué tratan estas narraciones, resumiré diciendo que son relatos en una línea muy decimonónica, muy influidos por la novela gótica y romántica, y también victoriana, en la que prima el elemento fantástico y sobrenatural, a veces macabro, pero a menudo aderezado con una pátina de ironía y hasta de humor negro. Autores que me han fascinado durante mi vida como Gustavo Adolfo Bécquer, Guy de Maupassant, Théophile Gautier, Oscar Wilde, Sheridan Le Fanu y tantos otros clásicos tienen una importante influencia y presencia en esta selección. Si compartís mi pasión por este tipo de lecturas, quizá Cuentos sombríos os pueda gustar.

En breve espero crear una página dedicada en exclusiva al libro y dando más detalles sobre él (incluyendo algunos fragmentos de cuentos). Mientras tanto, os adelanto el boceto de la portada.

martes, 1 de agosto de 2017

El cine de julio

Tras un mes de junio y una primera mitad de julio con poco cine, la cosa se empieza a animar a finales del último mes citado, y se rompe por fin una larga racha de películas mediocres con dos títulos más que interesantes que para mí demuestran una vez más que lo comercial no está necesariamente reñido con la calidad. Estos dos títulos son La guerra del planeta de los simios, de Matt Reeves, que reseñé el mes pasado, y Dunkerque, un drama bélico distinto que reafirma a Christopher Nolan como un director interesante y con personalidad dentro del panorama hollywoodiense, por contradictorio que esto pueda parecer. Es una cinta sin los desmesurados héroes con los que nos desbordan Spielberg o Eastwood, mucho más realista por ello, y que no se centran en los conflictos militares, sino en los avatares sufridos por toda una serie de personajes atrapados de una manera u otra en situaciones tensas y angustiosas, y a la que ayuda sobremanera la banda sonora del siempre eficaz Hans Zimmer y un amplio elenco de competentes actores que se reparten muy homogéneamente el protagonismo.

El mes termina con Spider-Man: Homecoming, que por desgracia no logra mantener el nivel de las otras dos películas vistas en pantalla grande en las semanas precedentes. Anda uno tan saturado de películas de superhéroes –y justamente más del hombre araña, cuyas aventuras se reinician por tercera vez– que ya es difícil que alguna de este subgénero le sorprenda mínimamente, con lo que este trabajo de John Watts se queda en entretenido y poco más.

Mencionar por último, como caso pseudo-cinematográfico, que acudí a ver La ciudad de las estrellas al Casal Jove de mi localidad, un recinto del Área de Juventud del Ayuntamiento que en verano ofrece algunas películas al aire libre y de manera gratuita. La proyección fue tan penosa en cuanto a calidad (un formato de pantalla cuadrado totalmente deforme, muy lejos del original) y circunstancias (luces, ladridos, niños, los encargados recorriendo los pasillos tras la pantalla), que no me atrevo a llamar a este mi tercer visionado de la cinta de Damien Chazelle “cine”…

viernes, 28 de julio de 2017

Cine "a la fresca"

Un año más, la Asociación Cultural Nautilus de Puerto de Sagunto, Valencia, aprovecha las fiestas veraniegas de la ciudad para contribuir a estas con su siempre interesante oferta de cine clásico al aire libre, ni más ni menos que en un marco tan entrañable de la localidad como son los Jardines del Casino Recreativo y Cultural, más conocidos aquí simplemente como “la Gerencia” o “el Casino Viejo”. Las películas programadas del 1 al 4 de agosto son, en este orden, Cuenta conmigo, Psicosis, El hombre que pudo reinar y Primera plana. Las sesiones comienzan a las 22.30 horas y son, por supuesto, gratuitas. 


jueves, 20 de julio de 2017

La guerra del planeta de los simios

Digno final de una trilogía que me ha gustado bastante y que considero por encima de la mayoría de blockbusters de los últimos años. Emocionante, bien narrada, con sus acertados y deseables momentos para el drama y los personajes (que, curiosamente, predominan sobre las escenas de acción), con el mensaje pacifista y ecologista más o menos inherente a la saga desde sus inicios y con guiños a infinidad de géneros (el viaje del principio parece un western, el campo de concentración remite a la II Guerra Mundial) y películas (La guerra de las galaxias o Apocalypse Now), así como una bien hilvanada conexión con la cinta original de Don Taylor (las aspas en las que crucifican a los prisioneros, los nombre de Nova y Cornelio, la explicación de por qué la raza humana ha perdido la inteligencia…) Y, por supuesto, no puede dejar de mencionarse la excelencia de los efectos infográficos a la hora de dotar de tan gran realismo a los simiescos protagonistas –aunque eso no tendría importancia sin un buen argumento– y la sufrida labor de los actores que trabajan con captura de movimiento, encabezados por el ya clásico Andy Serkis. ¡Qué lejos quedan aquellos disfraces y prótesis que tanto hicieron sufrir al bueno de Roddy McDowall!

Después de desatinos como Alien: Covenant o nimiedades como La momia, es agradable ver que el género fantástico sigue teniendo esperanza de la mano de directores interesantes como Matt Reeves, quien sabe sostener una narración que en muchas secuencias carece prácticamente de diálogos (en ese sentido me recuerda al cine del admirable Jean-Jacques Annaud, quien a menudo ha trabajado con animales) y al que a partir de ahora prestaré más atención. Y no olvidemos mencionar la magnífica banda sonora de Michael Giacchino, al que descubrí con Rogue One y quien también ha captado mi interés desde entonces.

lunes, 17 de julio de 2017

Bajas estivales

El pesar con el que cargamos todos los amantes del cine clásico es que estamos viviendo sus últimos estertores: ya casi todos sus artífices han desparecido o bien están llamados a hacerlo en pocos años. Las bajas de actores, actrices, directores y otros técnicos y artistas de la época dorada del Cine se suceden mes tras mes, y este caluroso julio no iba a ser una excepción: la italiana Elsa Martinelli nos dejaba el pasado día 8. Es una de esas intérpretes que me ha calado más por una sola película (concretamente, ¡Hatari!), que por una filmografía (de hecho, sólo recuerdo haber visto unas pocas cintas más de ella como El luchador indio o Sangre y rosas). Elsa nos dejó a los 82 años, prácticamente retirada del cine desde el pasado siglo.

Al actor estadounidense Martin Landau lo conocí de niño gracias a la serie Espacio 1999, aunque cobré más interés por  su labor siendo algo más mayor, y de la cual creo que me quedaría con Con la muerte en los talones y, por supuesto, Ed Wood. Qué curioso que precisamente ayer, cuando aún desconocía la noticia de su muerte, estuviera pensando que aún quedaban dos actores vivos de la primera película citada. Martin falleció el pasado sábado con cerca de dos centenares de trabajos para cine y televisión, acababa de cumplir 89 años y estuvo activo hasta el último momento (de hecho, aún tiene varios títulos por estrenar)

También nos ha dejado el director George A. Romero, que debo admitir nunca fue santo de mi devoción, pero cuyo estatus de leyenda del cine de terror no se puede negar y reafirman millones de seguidores en todo el mundo. El realizador neoyorkino contaba 77 años.

Continuará… (por desgracia)

viernes, 30 de junio de 2017

El cine de junio

Llega el verano y, con él, los blockbusters típicos de esta calurosa época del año, casi invariablemente orientados hacia un público juvenil y muchos de ellos enclavados dentro del género fantástico, lo que ya de por sí es una importante tentación para un servidor, que siempre se ha declarado fan de esta variante del 7ª Arte. La Momia de Alex Kurtzman presenta el nuevo “universo oscuro” con el que la Universal planea resucitar a todos sus monstruos clásicos de siempre con una nueva saga de largometrajes y, aunque tiene elementos atractivos e interesantes (principalmente aquellos más típicos del terror gótico), al fin y al cabo es un producto pensado para lucimiento de Tom Cruise, un actor que para mí no tiene ni seriedad ni prestigio y que repite un mismo personaje aburrido y predecible de una película a otra. Es por eso que, de antemano, sé que la cinta no me va a calar demasiado, como efectivamente ocurre.

Con Wonder Woman de Patty Jenkins paso un rato bastante entretenido a pesar de que nunca me ha convencido la elección de Gal Gadot como encarnación fílmica de la legendaria heroína. A favor de la película, su ambientación en la I Guerra Mundial y el estupendo reparto secundario femenino con actrices de la talla de Robin Wright, Connie Nielsen o Elena Anaya, paradójicamente acompañando a una protagonista con bastantes menos tablas que ellas y muy posiblemente con mucho menos talento. En contra, una batalla final que tiene poco de climática y emocionante. Extraño también el doblaje de Gadot y Nielsen, y eso que yo no suelo ser muy pejiguero con este tema.

Junio termina siendo, de momento, el mes del año en que menos veces he ido al cine: tan sólo un par de películas, cuando lo normal son 4 y hasta 5. La cartelera me ha resultado poco llamativa o, simplemente, aquellas otras películas que me llamaban no han estado a mi alcance.

miércoles, 31 de mayo de 2017

El cine de 2017: mayo

Cierta diversidad genérica pero también una mediocridad más o menos homogénea sería lo que resume mis cinco visitas al cine durante este quinto mes de 2017. Uno de los grandes tropezones del año es Z, la ciudad perdida de James Gray que, lejos de entretenerme, como inicialmente esperaba, sólo consigue aburrirme durante casi todo su metraje. No sé si el hecho de que me torciera el tobillo poco antes de llegar al cine o el de que irrumpiera un grillo en la sala a mitad de la proyección influyeron, pero esta es una de esas pocas películas de las que uno se arrepiente de haber pagado el dinero de la entrada.

La cosa mejora un poco con Un golpe con estilo (Zach Braff), como comenté en la breve reseña que hice, una nimiedad fílmica pero aun así entrañable por el maravilloso y veteranísimo elenco que la puebla. Llega después Alien: Covenant, y Ridley Scott vuelve a demostrar que es un director caduco que lleva años viviendo de un par de éxitos y que debería haberse retirado hace ya mucho (¡y dejar de sacar nuevas ediciones de sus clásicos!). Aunque con impecables efectos especiales y una actuación más que respetable de Michael Fassbender, la historia y los demás personajes son peor que endebles y dejan bastante que desear. Más de lo mismo.

La española Plan de fuga de Iñaki Dorronsoro es quizá lo mejor del mes, y eso sin llegar a parecerme, ni mucho menos, nade excepcional. Pero, ya se sabe: en el país de los tuertos…

Mayo finaliza con Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, demostrando con ella el tándem de directores Joachim Rønning y Espen Sandberg que esta larga saga de aventuras quizá debió haber terminado hace años. A pesar de su interesante reparto, esta quinta entrega antepone, cómo no, las escenas de acción y la sobredosis de F/X a las interpretaciones, y precisamente en los momentos que se suponen más “espectaculares” llega a veces a hacérseme tediosa. De nuevo deberé asumir que está dirigida a un público más joven que yo que seguramente pueda disfrutar más todas esas cosas.

jueves, 25 de mayo de 2017

40 aniversario de La guerra de las galaxias

40 años nada más y nada menos. Cuatro décadas han pasado desde que George Lucas sorprendiera al mundo con lo que, en realidad, era poco más que un refrito de cánones y clichés de decenas de películas y cuentos anteriores. Aquella idea prestada y actualizada convirtió al director en multimillonario –sobre todo gracias a su acertada estrategia de mercadotecnia basada en productos relacionados con el film– e hizo su saga galáctica aparentemente imperecedera, pues desde entonces ha generado pingües beneficios en la forma de libros, cómics, videojuegos, juguetes y, por supuesto, secuelas, precuelas y spin-offs (un total de siete películas más hasta ahora, y otras cuatro anunciadas). Los personajes, motivos, naves y música de Star Wars forman ya parte de la cultura universal y constituyen prácticamente un culto que, en ocasiones, hay que admitir que raya la exageración.

No fue en 1977, pero sí dos años más tarde (lo que tenía vivir en un pueblo con cines reestreno), cuando La guerra de las galaxias llegó a mi vida para quedarse para siempre, aunque quizá fue El retorno del jedi el que consolidó mi pasión por la franquicia por pillarme en una edad más adulta en la que pude disfrutarla más. Desde entonces no me he perdido ninguna película y puedo decir que, en mayor o menor medida, las he disfrutado todas. El único reproche que tengo que hacerle a su creador son todas esas versiones posteriores de la trilogía clásica con escenas y efectos añadidos, ardid comercial y desvergonzado que no persiguió ningún propósito artístico y sí pecuniario.

Precisamente esta semana se hacían públicas nuevas imágenes de la próxima entrega de Star Wars, Los últimos jedi, una sesión de fotos con la habitual Annie Leibovitz, presentando por fin a los nuevos personajes interpretados por Laura Dern y Benicio del Toro. Esperemos que Rian Johnson –un director de filmografía más que interesante hasta ahora– y Kathleen Kennedy no insistan en presentarnos una trilogía-remake de los primeros episodios, como hacen temer algunas imágenes del primer tráiler del Episodio VIII y el visionado de El despertar de la fuerza.








martes, 23 de mayo de 2017

Nos deja Roger Moore

Por mi generación, Roger Moore fue el primer James Bond que conocí. Fue exactamente cuando Moonraker llegó a los cines, y desde entonces he seguido absolutamente todas las andanzas del agente 007 en pantalla grande. A Sean Connery lo descubriría algo después, y sobra decir que pronto había devorado también sus películas, así como las primeras de Moore y la de George Lazenby, vía VHS. No puedo decir que fuera nunca un incondicional ni un seguidor de este actor inglés que nos acaba de dejar a los 89 años –y, de hecho, he visto muy pocas películas suyas–, pero siempre le guardaré cariño por haberme descubierto al personaje de Ian Fleming. Me hubiera gustado –y creo que no se ha hecho– ver una foto con todos los James Bonds cinematográficos juntos, pero ahora ya no será posible.

lunes, 22 de mayo de 2017

La luz entre los océanos

No tuve ocasión de ver este largometraje en pantalla grande y, de hecho, su tráiler y su póster tampoco eran muy motivadores y parecían invitarnos a una historia sentimental facilona. El sencillo argumento de este melodrama ambientado en la Australia de los años veinte del siglo pasado es este: un matrimonio que gestiona el faro de una pequeña isla y que no puede tener hijos encuentra a la deriva una barca con un bebé. Deciden quedárselo como suyo sin informar a las autoridades, pero acaban descubriendo a la verdadera madre biológica de la criatura y, a partir de aquí, comienza el dilema moral y sentimental de la pareja. En sí, parecería que esta propuesta no puede dar para una cinta de más de dos horas, pero la preciosa fotografía, los maravillosos paisajes y, sobre todo, el excelente trío de actores protagonistas (Michael Fassbender y  Alicia Vikander, pareja en la vida real, y Rachel Weisz, una de mis actrices favoritas, aunque tiene un papel secundario), convierten La luz entre los océanos de Derek Cianfrance –que adapta la novela homónima de M.L. Stedman– en una de las mejores películas que he visto este año.

Un golpe con estilo

Es, obviamente, la oportunidad de encontrarme con parte de su entrañable y veteranísimo elenco (Michael Caine y Alan Arkin; Morgan Freeman no me ha calado tanto como sus compañeros de reparto) lo que me lleva a acudir a la proyección de Un golpe con estilo de Zach Braff. Aparte de ver a estos gigantes del 7º Arte en pantalla grande –un lujo del que dudo que podamos disfrutar durante mucho tiempo más–, la película es prácticamente una fruslería que nos cuenta cómo tres ancianos en una angustiante situación económica deciden que no tienen nada perder atracando un banco y se ponen manos a la obra. Por supuesto, si alguien quiere encontrarle un sentido de crítica social y política a la cinta, puede hacerlo, aunque no sea del todo intencionado. A destacar también parte del reparto secundario, encabezado por una Ann-Margret que parece haber hecho un pacto con el diablo –o con el cirujano–, el siempre divertidísimo Christopher Lloyd y hasta un Matt Dillon al que llevaba mucho tiempo sin ver en el cine.

lunes, 15 de mayo de 2017

Temporada final de Bates Motel

La serie Bates Motel concluía recientemente tras su quinta y última temporada. Basada, obviamente, en la famosa novela de Robert Bloch Psicosis y en su aún más celebérrima versión cinematográfica, nos introducía en la vida de Norman Bates y de su madre Norma cuando el primero es aún un adolescente y la segunda, tras enviudar bastante joven, decide invertir el dinero del seguro en adquirir un motel y un viejo caserón cerca de White Pine Bay, Oregón, a donde la pareja se desplaza para empezar una nueva vida. Sobra decir que no se atiene a la historia canónica de la familia tal y como la conocimos en el libro original y en la adaptación de Hitchcock, en donde Norman ha vivido siempre en la misma casa y es bastante mayor de lo que se le representa en la serie. Es más, Bates Motel transcurre en la actualidad, y los protagonistas usan en todo momento modernos artefactos como móviles y portátiles, lo que contrasta enormemente con la decoración tétrica y anticuada de su hogar. Precisamente esta decisión de los productores (la cadena A&E Television Networks) de ambientar la serie en nuestra época fue una de las cosas que más chocó a los incondicionales del personaje, que muy posiblemente hubieran preferido ver a los Bates en la década de los 50 del pasado siglo.

En cualquier caso, debido a mi pasión por la obra de Alfred Hitchcock, comencé a ver Bates Motel desde su primer año. La protagonizan el joven Freddie Highmore como heredero de Anthony Perkins y Vera Farmiga como su protectora madre, por cierto, mucho más joven y atractiva de lo que siempre hemos considerado a la señora Bates. En papeles secundarios, Max Thieriot como Dylan, el hasta ahora desconocido hermanastro de Norman, Olivia Cooke como Emma, una joven de la localidad que será objeto de atención de ambos hermanos, y Nestor Carbonell como el sheriff Alex Romero, un policía con una singular brújula moral. Años antes, cuando conocí a este actor en Perdidos, me sorprendió su enorme parecido con Anthony Perkins, así que me resulta muy gracioso que haya acabado precisamente en una serie sobre Norman Bates, aunque no interpretando a este personaje.

Primera aparición de la casa y el motel en la serie... los pelos de punta

Las cuatro primeras temporadas de Bates Motel transcurren más bien dentro de una línea anodina, en la que algunos arcos argumentales parecen extenderse interminablemente y sin ningún interés, mientras que otras veces no parece siquiera existir una trama específica durante algunos episodios. Contemplamos el celo de Norma Bates por proteger a su hijo menor, que sufre extraños “vacíos” durante los que no recuerda lo que ha hecho, la enfermiza relación entre ambos, el esfuerzo de Norman –en realidad, un joven bueno y educado cuando es “normal”– por integrarse en su nuevo ambiente, y como madre e hijo acaban siempre implicándose en peligrosos enredos criminales, pero esto de por sí tan sólo consigue mantener mi interés por los pelos. Entre lo que más me atrae de la serie, la casa Bates y el motel que da nombre al espacio televisivo, fielmente reproducidos de la película del maestro Hitchcock, y el pueblecito de White Pine Bay y su entorno, que los creadores nos presentan casi siempre lluvioso o nublado, lo que contribuye a proporcionarle un tono decididamente melancólico que es parte de lo que más llevadero me hace el visionado del serial.

Rihanna hereda el papel de Janet Leigh. La escena de la ducha será muy diferente...

El pasado mes de abril, con su quinta temporada, la A&E decide finalizar Bates Motel y, sorprendentemente, lo hace de una manera emocionante y acertada que supera con creces todos sus años de andadura y compensa la mediocridad de la mayor parte de lo emitido anteriormente. Y creo que ese acierto es sencillamente que estos últimos diez capítulos son los que enraízan más clara y directamente con Psicosis, el libro y la película que dieron lugar a la serie. Aquí encontramos al Norman Bates que hemos conocido siempre, aparecen Marion Crane y Sam Loomis, incluso revivimos la famosa escena de la ducha, aunque de una manera muy, muy original y diferente, y conocemos el destino final del desdichado psicópata creado por Bloch.

En este último año, Bates Motel ha conseguido entusiasmarme y dejarme pegado al asiento, y ha hecho que haya valido la pena haberla seguido incluso aunque sus anteriores temporadas no prometieran demasiado. Ha sido el caso contrario a otros seriales televisivos, que normalmente acaban languideciendo y aburriendo conforme pasan los años y sus productores deciden estirarlos interminablemente y más allá de todo sentido posible. De lo mejor que he visto este año en la pequeña pantalla.

sábado, 6 de mayo de 2017

El Juego: Edición 19

¡Casi ni me da tiempo a anunciarla! Pero es que hasta ayer ni siquiera tuve el enlace oficial. Se trata de la nueva edición de El Juego de Cine, 7 Weeks of Cradle, organizada esta vez por el equipo francés Cradle of Films, y que con cierto retraso y algunas vicisitudes da comienzo el lunes 8 de mayo a las 22 h. Para los que todavía no conozcan este divertido concurso cinéfilo que ya lleva años en la red, resumir que se trata de adivinar películas basándose en fotogramas, capturas sonoras o de vídeo, y que dura 7 semanas, resultando ganador el equipo que más puntos reúna al final de la edición. ¿El premio? Además de pasárselo bien, la opción de organizar la siguiente edición. Sin ánimo de lucro, por y para amantes del cine con tesón y perserverancia… Más información pinchando en el enlace.

jueves, 4 de mayo de 2017

Las dos princesas

Innegablemente, la imagen de Audrey Hepburn –que hoy hubiera cumplido 88 años– forma ya parte del imaginario popular desde hace mucho tiempo, y se ha utilizado, con mayor o menor acierto, de manera más o menos ética, para mil y una variantes y formas de objetos decorativos y merchandising. La original autora de esta composición, Miu Soby, decidió usar una fotografía de la icónica actriz para fusionarla con otro personaje no menos enraizado en la cultural universal. Al fin y al cabo, el mundo conoció a Audrey en su inolvidable papel de la Princesa Ann en Vacaciones en Roma, así que, “entre princesas” anda el juego…. 


Sun Records

Siendo un apasionado del rock de los años 50, no se me podía pasar por alto esta serie de televisión que terminó el pasado mes, y que en su primera temporada ha constado de ocho capítulos de 45 minutos de duración cada uno. Toma como base el musical Million Dollar Quartet, muy de moda en EE.UU. en los últimos años y a su vez basado en la mítica jam session que tuvo lugar el 4 de diciembre de 1956 en el aún más legendario estudio de Sam Phillips: aquel que de título a la serie. Ese día se juntaron en la modesta sala de grabación de Memphis cuatro de los grandes iconos del rockabilly y del country: Elvis Presley, Carl Perkins, Jerry Lee Lewis y Johnny Cash. El cuarteto de músicos comenzó a cantar y tocar de manera informal y Phillips puso a grabar sus máquinas en cuanto se dio cuenta del acontecimiento improvisado que estaba teniendo lugar en su estudio. Muchos años después, aquella sesión aparecería en doble disco con el nombre con el que se ha bautizado al musical: The Million Dollar Quartet (aunque se da la circunstancia de que la intervención de la voz de Cash no llegaría a registrarse en formato magnético, pues por lo visto el cantante se marchó antes de que Sam Phillips empezara a grabar).

Con guion y supervisión de Colin Escott y Floyd Mutrux, el primero un experto de la música de los 50 que ha firmado varios libros sobre country y rockabilly, incluyendo varios sobre Sun Records, y el segundo un polifacético director y guionista de cine, comenzaba esta año la versión dramatizada para televisión del musical, dirigida por el fiable Roland Joffé y con Sam Phillips como personaje central, pero también pululada por muchos otros nombres relacionados con él y con sus estudios, por supuesto los cuatro ya nombrados, pero también B.B. King, Ike Turner, el desmadrado disc-jockey Dewey Phillips, la secretaria de Sam Marion Keisker (la primera persona que grabó a Elvis Presley) o el infame Coronel Parker.

Sam Phillips, Elvis Presley y Marion Keisker: realidad y recreación
Sun Records ha tenido una acogida tibia entre los incondicionales de la música rock de los 50 y entre la audiencia general profana en el estilo. Por supuesto, hay errores cronológicos e históricos, que debemos suponer voluntarios dado que la serie está asesorada por expertos como el mencionado Escott (Sam Phillips está presente cuando Elvis graba el disco para su madre, no se ve grabar la seminal That´s All Right, seguramente por problemas de derechos; incluso aparecen un par de películas antes de que realmente se estrenaran…); pero lo que más críticas ha levantado ha sido el “tratamiento de belleza” al que han sometido a los principales personajes y actores del espacio televisivo, donde la fealdad parece estar vetada. Así, nos encontramos con un elenco de intérpretes de impecable perfil y esculpida nariz, cuerpos atléticos o físicos envidiables, lo que ni es realista ni cuadra con la realidad que intenta reflejar. Esto no es, por supuesto, nada nuevo en el cine y en la televisión, y es obviamente una estrategia para que la serie cale entre el público general, y sobre todo entre el más joven y ajeno a estos acontecimientos ya históricos que Sun Records retrata. El caso más escandaloso de este “lavado visual” es posiblemente el de la mencionada Marion Keisker, una señora poco agraciada, con gafas de culo de vaso y pelo rubio oxigenado que en la serie está interpretada por la guapísima actriz Margaret Anne Florence, de nulo parecido con el personaje al que encarna y a la que no se han molestado siquiera en tintar el pelo (Florence es morena).

Si se pueden aguantar todos estos arreglos visuales y el look demasiado “guapista” de Sun Records, es posible pasar un rato entretenido con ella, incluso disfrutar del buen hacer de algunos de los actores y músicos que aparecen en ella (Drake Milligan tiene una voz extraordinaria muy próxima a la de Elvis Presley); incluso reír con las apariciones del sinvergüenza del Coronel Parker. Los últimos tres capítulos son especialmente emocionantes, pues es cuando Elvis comienza a grabar con Scotty y Bill y cuando despegan las carreras musical de Carl Perkins y Johnny Cash (a Jerry Lee Lewis, de momento, sólo le hemos visto pendoneando en su pueblo natal).

No se ha dicho nada sobre una continuación de la serie de momento, y mi impresión es que no va a tener segunda temporada. Quizá el tratar difundir una música que es prácticamente desconocida entre la actual juventud televidente y el querer, además, captar a los acérrimos del rock and roll de los 50 era demasiado pretencioso.

domingo, 30 de abril de 2017

El cine de 2017: abril

Innegablemente, un mes dominado en la gran pantalla por la ciencia ficción. No es una obsesión: es sabido que me encanta el cine fantástico, pero en general me gusta variar, y la coincidencia de tres títulos de dicho género este mes en las salas cinematográficas es simplemente eso: una coincidencia. Me he quedado con las ganas de ver otras películas como Negación o Plan de fuga, que no he tenido a mi alcance de momento.

Los tres largometrajes en concreto han sido Ghost in the Shell (Rupert Sanders), Life (Daniel Espinosa) y Guardianes de la galaxia Vol. 2 (James Gunn), todas más o menos cintas de entretenimiento para el gran público dentro del circuito comercial de entre la que para mí destaca la segunda nombrada (que reseñé brevemente aquí), no por la originalidad de su propuesta (que es nula) si no por la acertada puesta en escena de una historia que en realidad se ha visto docenas de veces en la pantallas. La más flojita, por el contrario, la última citada, la continuación de las peripecias de los aventureros galácticos de Marvel; un título con un impecable aparato visual pero un contenido entre nimio e intrascendente. Con la adaptación del famoso cómic japonés protagonizado por Scarlett Johansson paso un buen rato y disfruto también de la fascinante envoltura infográfica del film y de sus obvias referencias a Blade Runner y a otras películas de ciencia ficción.

La excepción del mes ha sido la película hispano-argentina Nieve negra de Martín Hodara, a la que me lleva mi admiración por uno de sus actores, el excelente Ricardo Darín. Esta vez la cinta no consigue estar para mí al nivel de otros trabajos de este intérprete y el misterio que va desentrañando este thriller me resulta algo previsible y resuelto de manera un poco forzosa.